Hay un gesto que muchas mujeres repiten sin darse cuenta: cruzar las piernas antes de estornudar. Otras dejan de saltar en las clases dirigidas, eligen asiento cerca del baño en el cine o llevan siempre un salvaslip por si acaso. Son pequeñas adaptaciones que se van instalando poco a poco, casi sin ruido, hasta que un día la rutina entera está organizada alrededor de algo de lo que casi nadie habla en voz alta: las pérdidas de orina.

La incontinencia urinaria de esfuerzo es una de las consultas que más tarde acaban llegando a ginecología. No porque sea poco frecuente, sino porque cuesta contarla y porque se ha asumido como el peaje inevitable de haber sido madre o de haber cumplido años. En Ginecología Almeraya escuchamos cada semana la misma frase: «es que desde el parto ya me pasa». Conviene aclararlo desde el principio: que algo sea común no lo convierte en normal, y desde luego no significa que no se pueda estudiar y tratar.
Qué es la incontinencia urinaria de esfuerzo
Hablamos de incontinencia de esfuerzo cuando se escapa orina en los momentos en los que sube la presión dentro del abdomen y las estructuras que cierran la uretra no consiguen contrarrestarla. No hay ganas previas, no da tiempo a llegar al baño porque no existe aviso: el escape aparece a la vez que el esfuerzo.
Las situaciones que más se repiten en consulta son estas:
- Toser, estornudar o reírse con ganas.
- Levantar peso, mover una caja o coger en brazos a un niño.
- Correr, saltar a la comba, hacer burpees o clases de impacto.
- Levantarse de la silla o del coche de forma brusca.
- Mantener relaciones sexuales.
La cantidad varía muchísimo. Hay mujeres a las que se les escapan unas gotas de forma puntual y otras que necesitan compresa a diario. Ninguna de las dos situaciones tiene por qué quedarse así.
En qué se diferencia de la vejiga hiperactiva
Es importante distinguirlas porque el tratamiento no es el mismo. En la vejiga hiperactiva lo que manda es la urgencia: aparecen unas ganas imperiosas e imposibles de aplazar, a veces al oír el agua o al meter la llave en la puerta de casa, y el escape llega mientras se corre al baño. En la incontinencia de esfuerzo no hay urgencia, hay presión.
Muchas mujeres tienen las dos cosas a la vez, lo que se llama incontinencia mixta, y entonces hay que valorar cuál de los dos componentes pesa más para ordenar el tratamiento. Por eso la primera consulta se dedica sobre todo a escuchar cuándo, cómo y cuánto ocurre.
Por qué se debilita el suelo pélvico
El suelo pélvico es el conjunto de músculos y tejidos que sostienen la vejiga, el útero y el recto, y que además participan en el cierre de la uretra. Cuando pierden fuerza o sufren daño, ese cierre deja de acompañar bien a los aumentos de presión. Las causas más habituales son:
- Embarazos y partos, sobre todo los partos instrumentados, los bebés de peso elevado o los expulsivos largos.
- Cambios hormonales de la menopausia y de los años previos, que afectan a la calidad de los tejidos. Si estás en esa etapa, te interesa este artículo sobre los primeros síntomas de la perimenopausia.
- Esfuerzos repetidos: tos crónica, estreñimiento con mucho esfuerzo defecatorio, trabajos con carga de peso o deportes de alto impacto mantenidos en el tiempo.
- Sobrepeso, que aumenta la presión que soporta la pelvis de forma constante.
- Factores individuales del tejido conectivo, que explican por qué dos mujeres con partos parecidos evolucionan distinto.
Cuando esas estructuras ceden, a veces no solo se escapa orina: también puede notarse peso en la zona o un bulto que asoma. Si te suena, te explicamos aquí qué es el prolapso de suelo pélvico y cómo se trata, porque es frecuente que ambas cosas aparezcan juntas y se valoren en la misma consulta.
Cuándo conviene pedir cita
No hace falta esperar a que el problema sea grande. Merece la pena consultar si:
- Has empezado a usar compresa o salvaslip por seguridad, aunque sea de forma puntual.
- Has dejado de hacer algún ejercicio o has cambiado de actividad por miedo al escape.
- Localizas el baño antes de sentarte en cualquier sitio.
- Notas escozor al orinar o infecciones de orina frecuentes asociadas. En ese caso te interesa leer por qué se repiten las cistitis en la mujer.
- El problema está afectando a tus relaciones de pareja o a tu vida social.
Cómo se estudia en consulta
El estudio es sencillo y nada agresivo. Empieza por una historia clínica detallada: partos, cirugías previas, medicación, hábito intestinal, ingesta de líquidos y en qué momentos exactos ocurre el escape. En muchos casos pedimos un diario miccional de tres días, donde se anota lo que se bebe, las veces que se orina y los escapes. Es la herramienta más barata y de las más útiles para diferenciar el tipo de incontinencia.
Después se realiza una exploración ginecológica para valorar el tono del suelo pélvico, la movilidad de la uretra y si existe descenso de algún órgano. Puede completarse con una ecografía, un análisis de orina para descartar infección y, en determinados casos, un estudio urodinámico. Con todo eso sobre la mesa se decide el plan, que no es igual para dos mujeres con los mismos síntomas.
Qué tratamientos existen
Rehabilitación del suelo pélvico
Es el primer escalón en la mayoría de los casos y el que más se infravalora. No consiste en hacer ejercicios de Kegel por libre viendo un vídeo: hace falta comprobar primero que se está contrayendo la musculatura correcta, porque una parte importante de las mujeres aprieta glúteo y abdomen mientras cree estar trabajando el suelo pélvico. La fisioterapia especializada, con biofeedback o electroestimulación cuando está indicada, permite entrenar de forma dirigida y medir la evolución. Requiere constancia durante semanas y los resultados dependen de cada paciente y del grado de partida.
Tratamientos en consulta sin cirugía
En casos seleccionados pueden plantearse procedimientos que buscan mejorar el estado de los tejidos de la zona, como el láser ginecológico o la radiofrecuencia. Se realizan en consulta, en varias sesiones, y no sustituyen al trabajo muscular: se valoran como complemento cuando la calidad del tejido es parte del problema, algo habitual a partir de la menopausia. Puedes ver en qué consisten estas técnicas en nuestra página de ginecoestética y láser ginecológico y en la de rejuvenecimiento vaginal sin cirugía. Como cualquier procedimiento médico, requieren una valoración previa e individualizada, tienen contraindicaciones que se explican en consulta y no todas las pacientes son candidatas.
Cuándo se plantea la cirugía
La cirugía entra en juego cuando la incontinencia de esfuerzo es moderada o intensa, condiciona la vida diaria y no ha mejorado lo suficiente con el tratamiento conservador. La técnica más utilizada consiste en colocar un soporte bajo la uretra para devolverle sujeción durante los esfuerzos. Es una intervención reglada, con sus indicaciones, sus riesgos y su recuperación, que se explican una por una antes de decidir nada. No es el primer paso ni la única opción, y la decisión se toma con la paciente después de haber valorado el resto.
Lo que puedes empezar a cuidar desde hoy
- Trata el estreñimiento. Empujar a diario en el baño castiga el suelo pélvico tanto como cargar peso.
- No orines «por si acaso». Repetirlo acostumbra a la vejiga a llenarse menos y empeora la urgencia.
- Revisa la técnica al levantar peso y, si haces deporte de impacto, coméntalo en consulta para adaptarlo mientras entrenas la musculatura.
- Contrae antes del esfuerzo. Aprender a activar el suelo pélvico justo antes de toser o estornudar reduce el escape en muchas mujeres.
- No cortes el chorro de orina para ejercitarte. No es un ejercicio, es una mala costumbre que puede alterar el vaciado.
No lo dejes pasar más años
La mayoría de las mujeres que consultan por pérdidas de orina llevan entre cinco y diez años conviviendo con ellas. Ese tiempo no juega a favor: cuanto antes se valora, más opciones conservadoras hay sobre la mesa y mejor suele responder la musculatura. Y hablarlo en una consulta ginecológica es exactamente igual de normal que hablar de la regla o de una revisión rutinaria.
En nuestras consultas de Almería y El Ejido estudiamos cada caso de forma individual, con una valoración médica previa y un plan adaptado a tu situación, teniendo en cuenta que los resultados varían según cada paciente. Si te has reconocido en algún punto de este artículo, pide tu cita y lo vemos con calma.